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Un Compromiso con Dios

Dada la importancia de este manifiesto, recomendamos descargar su versión imprimible para una lectura en profundidad. 

http://dispensaciondepaz.files.wordpress.com/2011/03/folleto-un-compromiso-con-dios1.pdf

 

Tres leyes naturales, tres Yo… un Gobierno

Muchos suelen ser los centros de atención en el Ser Humano: el dinero, una profesión, las relaciones afectivas, una casa, ideas e ideales personales y sociales, etc. Sin embargo solamente tres son los reales desafíos inevitables que enfrenta inexorablemente el Hombre: la enfermedad; la vejez; y la muerte.
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Riquezas, logros, seguridad son ínfimas ante el avasallamiento constante, gradual, irremediable de la enfermedad, la vejez y la muerte.
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El Hombre lucha por alcanzar el dominio de su salud y la derrota de la enfermedad; pero esa buena tentativa de la ciencia humana se ha topado con un muro siempre en movimiento que puede ser reparado y sanado en uno de sus flancos, mas de inmediato se abren o nuevos males, o viejas pestes resurgen con nuevos bríos.
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El egoísmo del Hombre de este Mundo ha sabido explotar el sufrimiento y esclavitud de la gente, y sobre esta ley de la naturaleza que nos recuerda que somos pasajeros, mortales y débiles, ellos, los sátrapas, han alzado el gran negocio de los medicamentos, de los laboratorios y de la manipulación de las enfermedades, amén de un sistema de salud bajo el dominio y predominancia del  mercado… como si los Hombres fuésemos mercancía, y la enfermedad un producto.
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Aún así, la enfermedad es ley imperturbable de la condición humana.
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El sueño de los príncipes antiguos era alcanzar la vida inmortal en un estado de permanente juventud. Los elixires de los hechiceros nunca lograron tal cometido, y si acaso acortaron la vida de quienes bebían pócimas en base a metales pesados. La vejez, desde siempre, ha sido el golpe más duro a la vanidad del Hombre de este Mundo. Además de un cambio estético, la condición de la vejez conlleva a un evidente deterioro mental y físico que resultan horrorosos para quienes han construido su existencia en la apariencia, la belleza física, el dominio de la mente inagotable, y una potencia física que debe afirmarlos en su vigencia sexual y sensual. Desde la antigua china nos llegan enseñanzas que muestran otra visión de la vejez: ‘si llegas a viejo y no eres un sabio, habrás vivido en vano’. La vejez, para la sabiduría, es una fuente de maestría y de altos valores que dan continuidad a lo mejor y más sano del núcleo humano. Pero para alcanzar una vejez sabia se debe cultivar La Virtud y la Fe desde la juventud, y transitar por la vida con un profundo sentido espiritual. Y durante este aprendizaje de vida el Ser Espiritual debe enfrentar la enfermedad con las herramientas que entrega la sabiduría; a saber: que existen enfermedades internas generadas por el propio cuerpo; que  existen enfermedades externas que pudieran atacar al cuerpo; que hay  enfermedades ligadas a los estados del alma (psiquis), y las hay bajo  condiciones mentales (psicológicas); y que lo peor no es la enfermedad sino que ‘sentirse enfermo’. Bajo este orden el sabio  define, conoce, acepta y combate, y domina, las enfermedades de su cuerpo;  prevé, toma precauciones, cuidados y recaudos ante enfermedades externas que  pudieran atacarlo, y si igual lo abordaran: se informa de qué se trata y cómo  combatir para expulsar el mal. Toma el Gobierno de Sí Mismo y evita que el Alma  enferme su Ser; establece distinción entre ‘mente artificial’ y ‘mente natural’  para que lo mental no dañe su cuerpo, y lo natural aquiete su  pensamiento. Nunca se siente enfermo, aún si un mal lo afectara, sino que se considera ‘en combate’, y usa tal estado  para aumentar su conciencia sobre la calidad pasajera de la condición humana y asume, con mayor énfasis, la impermanencia de lo carnal, y lo permanente del  Espíritu.
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La vejez es la gran oportunidad para entregar a otros lo aprendido, cuan enseñanza para quienes comienzan el Camino.
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Si un discípulo aplica las enseñanzas de un viejo sabio, verá en su existencia  un avance y progreso que de otro modo jamás alcanzaría. De esta manera el  Hombre crece de generación en generación.
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La muerte no era condición del Hombre Adámico  Original. Lo fue desde su Opción por lo carnal y material. La carne y la materia están sujetas a períodos de existencia cíclicas de ‘vida y muerte’. El  mundo en qué vive el Hombre es materia en constante cambio y movimiento, y se  halla en una Franja de Tiempo (materia más energía) que define ritmos  temporales medibles: día, noche, estaciones, años. Sin embargo estos fenómenos  son un efecto, no una causa; pero para el Hombre del Mundo son causales, y  suele ‘ser todo’: cuántos años viviré,  cada año envejezco, cada invierno enfermo, etc. El efecto de ser carnales,  en un mundo de materia girando en una Franja Temporal, nos obliga a pensar en  horas, días, noches, años, niñez, juventud, vejez… y muerte. La ilusión es no  tomar en cuenta jamás la condición carnal, temporal, pasajera y perecible de la vida humana, y por ende jamás colocarse el asunto de la inevitable muerte, y  ‘concentrar’ la existencia en ‘logros’ mundanos, y que sean estos ‘logros’  efímeros quienes hablen de mi existencia  y su razón. En esta ilusión juega un  rol vital el Ego. El Ego es la sombra de la persona mortal, y sin embargo suele  tomarse el gobierno del Ser, y contamina la mente con una sensación de permanencia y eternidad que no existe.
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El Hombre posee tres Yo: el Yo de la Mente; el Yo del Alma (psiquis-sentidos); y el  Yo del Espíritu. Algunos ilustres hablan del ‘Yo corpóreo’, del ‘Yo egotista’,  e incluso del ‘Yo social’. Esas manifestaciones del ‘Yo’ son ‘agregados’ de uno de los Tres Yo reales.
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De éstos ‘tres Yo’, el menos conocido, aceptado y puesto en acción es el Yo del Espíritu. Ahora bien: el Yo Mente y el Yo de los Sentidos (Alma) mueren con el Cuerpo.
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Muerto el Cuerpo físico estos ‘Yo’ pueden vagar por los apegos, pero no viven,  no poseen conciencia, ni tienen autonomía para escapar de la cárcel que los ata  a la materia de la cual dependen. El Alma no es sustancia espiritual pura, sino  que sustancia espiritual oscura. El Alma cuan sustancia espiritual no muere,  sino que muere el Yo del Alma, es decir: Los Sentidos, ‘la conciencia de ser’. La  Mente no crea por sí misma Conciencia, sino que es depositaria del conocimiento,  y en la muerte debe fundirse o al Alma o al Espíritu para que tales archivos se  prolonguen y cumplan un rol posterior. El Espíritu es Dios viviendo en La Persona. El Yo del  Espíritu contiene toda la información del Alma y la capacidad y rol de la Mente. Uniendo el  Yo Mente y el Yo Alma al Gobierno del  Espíritu se establece un Orden Superior llamado por los antiguos como ‘el  Camino Medio’. El Gobierno del Espíritu comprende ‘Conocerse a Sí Mismo’ y ‘Amarse  a Si Mismo’.
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El Espíritu no muere. Es Sustancia Divina; es la ‘semejanza’ del Creador habitando en el Hombre.
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El Camino a la Inmortalidad existe: es la unión del Yo Mente, del Yo Alma, bajo obediencia armoniosa al Gobierno del Espíritu. A esto se ha llamado: ‘Camino Espiritual’. Y  toda esta Transformación se produce en, dentro, al interno, en la Conciencia  del Hombre. Y se ejecuta ‘por voluntad’ de la persona, es decir: en libertad.
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Para que exista Conciencia (espiritual) debe optarse en libertad, por voluntad. A esta voluntad se le ha llamado ‘Fe’. No es el voluntarismo humano que por  inercia espera resultados, sino la ‘Buena Voluntad’ de disciplinarse desde Si Mismo con el fin de que sea el Espíritu quién  Gobierne todo el Ser. Esta es la Fe que mueve montañas: la Voluntad de ir en pos del Dios que Es, el  Dios que Me Vive.
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Verá el lector sensible que nada mencionamos de religiones, dogmas o instituciones. Porque hablamos de Espíritu en Nosotros, y de Dios  Viviendo en nuestro Espíritu, y para entrar en esta hermosa realidad requerimos voluntad, Buena Voluntad, y el discernimiento con respecto el ‘Yo’ que debe Gobernar y predominar, además  de la necesaria aceptación de nuestra realidad pasajera, mortal, y nuestra  condición natural que nos une a la enfermedad, vejez y muerte.
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El viejo sabio Lao tse advirtió que para entrar en relación con Dios y su realidad (Tao) es mérito impostergable, antes  siquiera de iniciar una práctica espiritual… ‘vomitar todo conocimiento anterior’, y toda idea humana sobre Dios  y su verdad. Y eso es elemental, debido a que todo dios que podamos comprender  con la mente, con el conocimiento, con la necesidad del alma, o la costumbre, como el dios de los Hombres de este Mundo para cosas del Mundo, no es, no será,  nunca podrá ser el Dios que ES. Si se trata de Dios, imposible es que pueda conocerlo  el Hombre desde lo humano sin Espíritu: solamente el Espíritu puede ponernos en contacto con un Dios que Es Espíritu. Una vez  unido al Creador En Espíritu, podemos leer los libros, estudiar las doctrinas, pasearnos por la filosofía y las especulaciones del Hombre, y tendremos misericordia con  las ideas de los Hombres. El Espíritu y su vivencia entregan la Virtud del Amor  como Dios Es (Amor) (no humano); y nos abre a la Virtud de la Humildad… que tanto Dios ama; y nos hace compenetrar en la gran Virtud de la  Misericordia… que nunca juzga y siempre sentencia en Justicia. Las religiones juzgan y separan al Hombre. El Ser Espiritual es una persona religiosa, pero  nunca será parte de una religión humana que coloque Hombres contra Hombres, y  menos se auto proclamaría divinidad en la tierra o gobierno de dios para  dominio del Mundo: eso es diabólico.
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UN COMPROMISO DE ETERNIDAD

Dios es Espíritu. El Hombre posee Espíritu de Dios. He ahí la clave de la Eternidad. Hablemos de Camino Espiritual, no de religión… sino de realidad divina actuando en el Espíritu del Hombre. Y si  debemos enfrentar una realidad que no vemos, no conocemos, no entendemos… mal podríamos partir por leer la Biblia, o buscar respuestas en meditaciones  budistas, o elegir ser buenos samaritanos. Para entender a Dios debemos Ir en  Pos de Nuestro Espíritu. Desde Nuestro Espíritu alcanzaremos la Relación con  Dios, y desde Dios descenderá sobre el Hombre el Espíritu de Sabiduría  (Espíritu Santo) (concibiendo que el ‘estado de santidad’ es la unión con Dios) y solamente entonces el Hombre tendrá ojos espirituales, oídos espirituales, y sabiduría en lugar de ‘conocimiento’.
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En la realidad de Dios hay un Orden Celestial y Cósmico que nunca podremos entender sin antes adquirir Visión Espiritual y Sabiduría.  En este Orden Divino, los Hombres tenemos a un Dios Conductor. ¿Para qué? ¿Por  qué?
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Los Hombres no estamos preparados para  compenetrar la  realidad Divina. Aún con Voluntad y con Discernimiento de  nuestra verdad transitoria, aún así no estamos en condiciones de ascender a  realidades que sobre pasan nuestra pequeña vida temporal. Más allá de los Campos  de la materia se hallan Los Abismos, que pueden atraer al Hombre y perderlo;  demonios y arcontes se han confabulado para extraviar a quienes intentan Lo  Espiritual sin un Escudo de Pertenencia.
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Hubo una Era en donde el Hombre se hallaba enclaustrado en los ciclos de la ‘rueda del eterno retorno’. La muerte yacía firme bajo llaves luciferinas; los ‘Cielos’ (dimensiones Celestiales) se  encontraban cerrados y ni un Alma ascendía más allá del Primer Cielo; Los  Abismos eran bocas abiertas por donde caía la mayoría de las Almas humanas; las deudas se acumulaban vidas tras vida, muerte tras muerte… la cárcel parecía  eterna. Los Santos dormían ‘el sueño de la espera’ en instancias del Primer Cielo. Y desde el Reino de Dios se  produce un Cambio: el Elohim Mayor, el Cristo, el Alfa y la Omega de la  Creación, el Siempre Dios de los Hombres Adámicos… encarna, se hace hombre. En  la muerte de la carne (Jesús) el Verbo Dios desciende hasta el corazón del  Principado Oscuro y arrebata la muerte de garras luciferinas; abre Los Cielos;  despierta a los Santos en ‘espera’ y los eleva al Reino de Los Cielos; cierra  la Ley de Los Abismos y detiene la ‘rueda del eterno retorno’ en modo que los  seres humanos pagaran sus deudas y fuesen medidos según sus frutos. Desde  entonces la muerte ya no es la misma.
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El Plan de Salvación tiene Un Conductor: El Verbo Dios, el Elohim Mayor, el Cristo de Dios Padre.
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Este Dios no se ‘glorificó cuan divinidad’ en Jesús, ni es Jesús quién se convierte en un tipo de dios; Jesús es el Cuerpo  Carnal de Dios, y por ende es ésta condición de ‘hombre’ algo transitorio con  fines Divinos, siendo siempre el Cristo (el Elohim) quien finalmente provoca el  Salto de Salvación en Los Tres Días de Cambios; es él aquel Espíritu predominante que  puede tomar cualquier cuerpo y forma. La mención de ‘Jesús’ sin la calidad del  Cristo cuan Dios es acéfala y se ha prestado para adorar la figura humana de un  hombre y olvidar el hecho vital del Dios Encarnado. La consideración de un  Jesús ‘hijo de Dios’… especial, pero humano, que muere en la cruz en un símbolo  atroz que al final no nos libera del pecado, es Apostasía y maniobra del Anti  Cristo. La Salvación NO  subyace en la cruz: el Cristo Dios es Dios desde siempre, pasó por la carne en  Jesús, y en la muerte derrotó a las potestades de la muerte oscura y abrió el Plan de Inmortalidad. Esa es la mirada Espiritual, es la realidad que todo Hombre  verá, sabrá y oirá cuando por Su Espíritu entre en Relación con Dios. El Cristo  de Dios es el Dios de los Hombres y de los ángeles. Un Dios no muere: vence a la muerte. Supeditar  una eventual salvación, muy confusa, a un instrumento de tortura romano, la  cruz, y a la tortura, y a la sangre, y sufrimiento… y celebrar la muerte en la  cruz como sacrificio carnal por los pecados que se nos siguen imputando… es  lisa y llana Apostasía. Todo cambia y se comprende si aceptamos que El Verbo  Dios encarnó en Jesús, y dejado el cuerpo de Jesús es el Poder de Dios quién  ejecuta el Plan de Salvación en los Tres Días de Victoria. Alzado el Nuevo  Templo en tres días, los Tres Días de Mutación provocados por el Cristo Dios,  derrotando los poderes del principado de la muerte oscura y los abismos, es el Espíritu en el Hombre el Nuevo Templo  Crístico.
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La muerte sigue siendo una ley de la carne y  la materia, de lo temporal; pero desde el Hecho de Cristo, en los Tres Días,  nadie está sujeto a retornos forzados, a castigos infernales y caídas  abismales. La Ley de la Resurrección que Cristo Dios nos deja cuan Gracia  implica que cada Ser obtendrá el tipo de muerte, y el tipo de vida posterior, a  según de sus Opciones, Frutos y tipo de Gobierno de Sí Mismo. Si el dinero es  tu reino… irás al lugar oscuro de la falsedad del dinero; si lo material es tu  apego… es posible que tu alma insista en quedarse en el entorno de la materia  mientras tú Espíritu se divorcia de tu conciencia; si lo intelectual es tu  divinidad… verás cuán grande fue tu ignorancia; si pones tu fe en un hombre,  irás donde vaya ese hombre; si sigues a tu iglesia irás donde van los de tu  iglesia. Y si alegaras que hiciste grandes estudios bíblicos, y fuiste leal  miembro de tu religión, y entregaste tu existencia en ara de los necesitados… y  por eso mereces un puesto seguro en la Casa de Dios, entonces se escuchará la  respuesta de Cristo: “muchos vendrán diciendo ¡señor, señor… en  tu nombre…! Y yo les diré: ‘atrás hacedores de maldad, porque nadie que no  ponga por Obra la Voluntad de mi Padre que está en los Cielos, podrá entrar  jamás a su Reino’ ”. Pues bien, de eso se trata. No de hacer lo que me parece o me inculcan… sino aquello que ELIJO desde el Espíritu, porque en mi  Espíritu Mora la Voluntad de Mi Padre.
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La Opción por el Gobierno del Espíritu y la Relación Espiritual con Dios tiene directa incumbencia en la muerte y la vida posterior. Para no  sufrir la muerte, y para seguir Vivos en instancias superiores es menester  cultivar en vida carnal, en este Mundo, el Camino Espiritual, el Gobierno del  Espíritu, la Relación con Dios: ‘Bienaventurados los Hombres de Buena Voluntad’.
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La Buena Voluntad es aquella que asume sobre Si Mismo  el hecho Cristico cuan Ley de Vida, y no como cuestión filosófica o partidismo  religioso. Pues desde este Hecho Salvador cada Ser Humano tiene ante sí la  posibilidad de romper la condición mortal, y puede acceder a planos de Vida de  Inmortalidad.
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Desde Cristo la muerte no existe, pero el hecho  de que todos morimos físicamente parece desmentir esa aseveración. La muerte antes de los Hechos de Los Tres Días era el dolor más enorme que el Alma humana  podía enfrentar; y esa muerte conducía a estados infernales, o abismales, y si  acaso devolvía al Hombre a la carne con todo el peso de las deudas no  resueltas. Desde Cristo la muerte es el fin de una etapa de vida, y la  continuación de otra: de cuerpo carnal a cuerpo espiritual.
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Desde Cristo un retorno a la Carne no conlleva cárcel, sino que posibilidad de  liberación: volvemos, si acaso, no para ser sometidos por las deudas, sino que  para saldarlas, y saltar hacia estados de vida que rompen toda cadena de Causa  y Efecto. Y si la Vida es predominante en la Ley de Resurrección… entonces la  muerte no existe.
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¿Podemos hacer en lo espiritual cómo nos  parezca y creamos? Si Lo Espiritual tiene que ver y hacer con Dios… no. No podemos hacer según el ego o la cultura  que nos acompaña desde niños. Dios está por encima de naciones, idiomas,  historia y culturas. Debemos hacer como Dios Ordena. Para esto debemos comenzar  por vivir, conocer, entender y sentir a nuestro Espíritu, que nos Vive, y hacer  de éste el centro de toda Opción y Toma de Decisión en nuestra vida,  ampliamente, sin dejar nada de la existencia fuera de su potestad. Y como  entramos aquí en territorios no humanos, en donde la psiquis, el ego, lo oscuro  y el Mal intentarán de todas formas mantener sus dominios y engañar al neófito,  se nos ofrece desde el Reino de Dios una gran ayuda: Un Conductor Personal. Cristo Dios, el Verbo, es el Dios Conductor,  y este Dios Vivo nos presenta ante nuestra conciencia la primera Opción que  debemos saber discernir: un ‘Compromiso’, un ‘Convenio’:  Ungirnos con el Sello de Pertenencia que nos autentifica en nuestro Espíritus como  Hijos de Dios Padre, Discípulos de su Maestría Divina e integrantes dignos de  Su Casa en Los Cielos… a cambio de nuestra lealtad y obediencia a Su Orden y Su  Plan de Salvación.
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El Cristo Vivo nos ofrece este Compromiso, un Convenio Sagrado: aceptar su Conducción y Su Orden, y seremos  nosotros protegidos de todo mal, y bajo su Sello podremos elevarnos por los  Caminos recónditos de los misterios con la plena seguridad de ser portadores de un gran escudo. ¿Qué nos pide? Que seamos buenos discípulos, obedientes  combatientes espirituales, humildes por sobre todo… y que a Él nos una el Amor,  y por Amor entendamos y apliquemos su Orden con disciplina y rigor, y en el  Amor nos unamos a nuestros hermanos y hermanas Consagrados bajo la misma Unción.
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Bajo este Sello podemos iniciar nuestro andar Espiritual. Sin Pertenencia el  Hombre que intente entrar en el camino de los dioses inevitablemente se  perderá, extraviará y será devorado por los malos espíritus de la burla y el  engaño. Cristo nos ofrece una Pertenencia de altísimo valor, la más pura, santa y sólida que pueda existir.
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La enfermedad, la  vejez y la muerte seguirán  siendo ley natural de la Carne y de este Mundo, mas bajo el Gobierno del Espíritu, con un Sello indeleble de altísimo poder, la enfermedad no será un  castigo, ni un drama, ni un estado infernal… sino parte del combate y una  prueba de sabiduría aplicada que necesariamente debe afirmarse en el Ser  Cristico; y la vejez será el pozo que repartirá aguas de sabiduría a muchos,  haciendo en muchos Caminantes algo más breve el propio sendero, pero más intenso  y profundo; y la muerte ya no será un fin, sino un Salto, la hora del salto, un  Salto de vida carnal a vida espiritual que nos podría integrar a pleno en el  Plan del Padre. Este Salto de vida a nueva vida estará condicionado por la  siembra que hayamos cultivado en nuestro paso por la vida carnal. La seguridad  de que alcanzaremos al Padre nos la da solamente la Conducción Personal  del Cristo Dios.
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La Voluntad del Padre Dios se halla en nuestro  Espíritu. Cada Ser posee una Índole, una marca completa e integra que lo caracteriza; llegar a desglosar esa Índole y poner por Obra esa Voluntad… es la  real y única Obediencia posible y válida ante Dios.
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El Primer Compromiso que el Dios Vivo nos  ofrece se conoce como ‘Bautismo’. Es ley antigua.
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Los Hombres, instigados por su vanidad y el  Mal, han deformado y tergiversado los decretos, preceptos y leyes de Dios. El Compromiso que Cristo nos ofrece requiere algún grado de responsabilidad, y  desde los Hechos de los Tres Días, como parte de ese Hecho Salvador, los Seres  Humanos no nacemos en el pecado, sino  que nos hacemos al pecado. Por lo mismo, un Compromiso de esta envergadura requiere  que el Hombre haya roto su ‘edad inocente’.
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Un Compromiso en edad consciente, cuando nos hacemos al pecado, exige que tal  Convenio sea directamente entre la Fe del Hombre y Su Dios Salvador y  Conductor. El bautismo que sella membresías eclesiásticas es apostasía y es uso  fraudulento de una potestad divina. El  Bautismo es y debe ser Un Compromiso  de Pertenencia entre el Dios Vivo y el Hombre que acude a éste por  voluntad, en libertad. Tratándose de un Compromiso con Dios, realizado por  Buena Voluntad y por Opción, es la persona que sella la única responsable del  buen cumplimiento del Acuerdo de Pertenencia, y no hay potestad humana que pueda intervenir sobre este Sello que descansa en Manos firmes del Cristo Vivo.
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El Bautismo que Sella nuestro Compromiso Eterno  con Cristo Dios es un sello indeleble que nos dignifica y eleva, o nos condena  si hiciéramos otros pactos que niegan -y renegaran- nuestra lealtad para con el  único Dios Conductor. No se puede jugar con Dios. Es necesario tomar conciencia  de este paso definitivo.
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Mayordomía de este  Compromiso

El Sacerdocio es aquel nivel del Compromiso Bautismal en el cual el Consagrado se coloca activamente al Servicio del Plan de Dios. No  hay sacerdocio real, espiritual, dedicado a gobernar las cosas del Mundo, para  ejercer poder en lo mundano y menos para establecer instituciones cuestionables  en lo moral. El Sacerdocio es aquel estamento de alto Compromiso en el cual el  Cristo Vivo ejerce plena autoridad. Para que esto sea real y verdad, se  requiere instaurar una Relación Personal con Cristo desde el primer instante  del Sello Bautismal. El Sacerdocio asume la ‘mayordomía’ de la orientación, de  la guía, de quienes proceden a recorrer el proceso de preparación para el Compromiso  del Bautismo. El Sacerdote es el mismo Consagrado que bajo el Sello del  Bautismo ha practicado el Orden que el mismo Cristo Vivo ha enseñado, y  habiendo avanzado es Ungido bajo los Sellos del Sacerdocio del Altísimo. Esta  mayordomía de orientación, de guía, funciona siempre que el postulante ponga en práctica personal aquello que se le enseña y declara. Esta mayordomía no posee  la potestad para quitar, eliminar o desahuciar el Sello Bautismal. Puede sí, en  casos específicos, no entregar herramientas de Consagración cuando el discípulo  se hace resistente a la disciplina y la humildad. Todo Bautizado  es un potencial sacerdote, y todo Bautizado debe ejercer Sacerdocio (varón o  mujer). Esto quiere decir que todo discípulo adquirirá una prueba de maestría en su guía, y será discípulo y maestro a la vez: mientras enseña y guía en base  a aquello que éste ha ya pasado, al unísono aprende y experimenta los nuevos  estados del Espíritu… así, hasta llegar al Padre y colocar por Obra la Voluntad  que ha descubierto en su propio Espíritu. Una vez alcanzada la Cima de la Unión  con el Padre, la Conducción de Cristo ha cumplido su propósito, y la mayordomía  del Sacerdocio cesa su orientación. Quién llega al Sello del Padre queda sujeto  a la Ley del Padre, que es la Ley de Los Santos.

¿Cómo nos hicimos  ayudantes consagrados del Reino Vivo?

Nadie puede elegirse para un rol como este: es Cristo quién Aparta a quién quiere, y la elección del Dios Vivo es por Espíritu y por Vivencia Espiritual, nunca por  religión, por conocimiento o por causas mundanas o necesidades del ego y del alma. Solamente por Espíritu, y en Estado Espiritual. Si quién es Apartado por  la Mano de Dios no conoce, reconoce, y acepta su propio Espíritu… nada es posible. Así también, si Cristo no hubiese Apartado al Espíritu del hombre,  éste nunca habría alcanzado la mayordomía de este Camino Espiritual. Cristo  Aparta a quién se ha Apartado del Mundo y vive en Espíritu.
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El Cristo Vivo no solamente Apartó a un hombre en Espíritu para revelar el Plan de Consagración y consignar mayordomía sacerdotal, sino que Dispensó a través de esta entrega todo un Plan futuro para  salvar y elevar al Hombre en estos tiempos de Tribulación y de preparación para  el advenimiento del Milenio de Paz. Esta Dispensación  de Dios ordena no alzar nuevas instituciones o iglesias, ni juzgar a las  que ya existen, y no coloca los asuntos del Hombre en manos de otros Hombres,  sino que Cristo Dios asume directamente la autoridad y conducción en estos  tiempos terminales. Así, nuestra tarea de mayordomía es enseñar a relacionarse  con Cristo y salvaguardar el Orden que Cristo nos ha entregado cuan  administradores.
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Nada es al azar: la Ley para estos Tiempos ha  descendido en el Sur del mundo, en Chile, y Cristo ha declarado que su  Presencia desciende, está descendiendo, descenderá… sobre una parte del planeta  en el Sur de América; y para que Él venga cuan Dios que Es, debemos purificar,  bendecir y aunar a los Hombres de Buena Voluntad en este trazo de tierra  que Él ha señalado. América del Sur ha sido elegida por Cristo Dios como el  lugar en donde se alzará el Nuevo Hombre después de los remecimientos de la dura Tribulación. Todos  los Hombres de Buena Voluntad tienen  cabida en este Compromiso de futuro y de vida; pero ante los hechos venideros  que colapsarán el Hemisferio Norte, es Cristo Dios quién nos llama a unirnos en  Su Consagración y habitar en ‘tierras salvas’. Nuestra mayordomía incluye el  resguardo espiritual y misionero de las tierras declaradas.
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El Plan de Dios es Celestial, es Cósmico, es Terrenal  y es Humano. Involucra al universo tangible y al invisible. Pero de todo será y es El Espíritu y el Sello de Pertenencia a Dios aquello que  asegura al Hombre que su persona está incluido en el Plan de Vida… y que la muerte no prevalecerá.
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Conclusión

Una legítima inquietud recorre el corazón de los Hombres buenos: ¿cómo protegernos y estar preparados para los eventos de suscitación  que ya suceden y que se avisan, y que podemos verificar en todo el planeta??
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Aquí respondemos a esta demanda. Solamente  un Compromiso Personal con el Dios Vivo, y un Camino Espiritual bajo Conducción  Divina, nos pueden asegurar que pase lo que deba pasar en el Mundo estaremos en  grado de entender, enfrentar y guiar, aún en medio de la confusión que provocan  los incesantes hechos. No valen las membresías formales ni los apegos institucionales, ni el conocimiento mental, ni lealtades corporativas… todo eso  se escurrirá por las alcantarillas el día de la Gran Purificación. Al  final, sólo aquello que realmente vive en cada Ser, en su verdad con Dios, será  la medida que elevará, hundirá o dejará a la deriva al Hombre.
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Hablamos de un Cristo Vivo que es Dios, Elohim Mayor,  el Verbo, El Alfa y La Omega, el Gran Fundamento de la Creación, la Roca Fundacional  del Género Adámico… que era Dios antes de encarnar en Jesús, y sigue siendo  Dios después de pasar por Jesús. Que siendo Dios de Victoria y de Vida, no de  lamentos, culpas y derrota, descendió a los principados tenebrosos para desatar  al Hombre de sus captores y esclavistas espirituales, y desde ese Magnífico  Hecho, acaecido en los Tres Días de Cambio, todo Ser nace en inocencia y no en  pecado. Y haciéndonos al pecado, nos encontramos con una Mano extendida: el Cristo Conductor que nos ofrece un Compromiso.
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El Bautismo de Cristo no ata al Hombre a otros  Hombres, sino que lo libera del Mundo sin dejar este mundo. El recorrido de Vida de este Compromiso es La Consagración, la vida del Consagrado. El centro  gubernamental del Consagrado es su Espíritu. La brújula que orienta al  Consagrado es La Sabiduría (Madre Sabiduría), y el Sacerdocio que ejerce el  Consagrado no es terrenal, sino del Altísimo, y se halla bajo Magisterio del  Espíritu Santo. Esta Senda conduce a poner por Obra la Voluntad del Padre, y  Sellar con el Dios Creador la mayor Pertenencia a la cual puede aspirar un Ser  Humano: la Pertenencia al Padre bajo la  Ley de Los Santos. Esta vía sagrada está abierta, dispuesta y vigente.
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Los Consagrados asumimos Mayordomía de tareas y  misiones espirituales, pero también hacemos parte de un Plan concreto que se  mueve sobre esta Tierra y tiene relación con el futuro de la humanidad: un trazo de tierra en Sur América que está destinado a aunar al Nuevo Hombre después de los furibundos Días de  Tribulación. Seguimos un Plan descrito por la Voz del Cristo Vivo, y que  recoge a todo Hombre de Buena Voluntad,  y llama a aunar en tierra del Sur de América a los Consagrados leales al Sello  que les autentifica cuan Discípulos del Cristo Vivo, e Hijos del Padre Dios, y  dignos depositarios de los Poderes del Espíritu Santo.
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Ud., varón o mujer, en edad de conciencia -(mayor de  18 años)- y su núcleo familiar que opta unirse en la Fe Viva… si está dispuesto-a a ser un activo Consagrado-a, y no un miembro pasivo de una  asamblea religiosa, sino un Ser comprometido con su Vida Espiritual… entonces  para Ud. y su núcleo de Fe es este llamado… Cristo ha Descendido sobre Tierra Americana, en el Sur del mundo, y ha  declarado que está por Venir en plena potestad divina, después de años oscuros y extremos que azotarán, y ya asolan, la Tierra y al Hombre, y ha Ordenado Consagrar creyentes y preparar Cuerpos  sólidos y leales de Los Suyos; y ha entregado la Ley de Consagración para el Orden de sus Discípulos, y nos facilita  su Conducción para alcanzar, aquí y ahora, la Voluntad del Padre y Sellar nuestra Pertenencia a la Ley del  Milenio de Paz: la Ley de Los Santos. Y ha declarado una zona amplia de  América, cuya forma es un triángulo equilátero, que posee tres puntos de fuego  en los que debemos alzar Tres Tabernáculos (Chile, Ecuador y Brasil), y en  cuyas líneas geográficas deben establecerse Agentes del Reino que en su día  recibirán las Llaves del Nuevo Tiempo (tres en la línea de Chile, tres en la  línea del Perú, tres en la línea de Ecuador, tres en la línea de Brasil, tres  en la línea  Paraguay-Uruguay, tres en la línea Argentina);  y ha ordenado el Cristo vivo un Triángulo de Los Ancestros en Bolivia: La Paz,  Cochabamba y Santa Cruz. Y en cada Puesto de Agente, y en los Tres Tabernáculos  (siendo el principal en Chile) habrá manifestaciones portentosas de que Dios  está con Los Suyos, y Los Suyos serán leales hasta en la muerte y la nueva  vida… porque quién entrega la vida carnal en aras del Plan de Dios, siendo Un  Consagrado, tendrá Gloria Eterna en Los Cielos y Gobernará Mundos cuan dios  bajo el Mandato de Dios Padre.
 
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Elaborado por Mandato del Cristo Vivo e inspiración  del Magisterio del Espíritu Santo
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28 de febrero- 1 de Marzo 2011 zona de Tabernáculo en  Chile
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Receptor nazareno de la Dispensación del Reino de Dios  para los Tiempos de Tribulación y Advenimiento del Milenio de Paz
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