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El Aborto

junio 7, 2012

La contingencia política pone nuevamente la discusión sobre la posibilidad de debatir sobre “El Aborto”, y finalmente lo que hace noticia son los dichos entre uno y otro bando que se siente con derechos para decidir si se puede o no tratar este tema a nivel país. Todo queda ahí, en los “dichos” sin advertir la importancia de la reflexión que nos puede abrir  a una nueva conciencia.

Lo que hay detrás de este tema es una reflexión sobre la Vida y la Muerte, y cómo  nos relacionamos con esta Ley de existencia, que es insoslayable, y que conocemos desde nuestros inicios.

La vida para nosotros como consagrados a Cristo, es la expresión máxima del poder de Dios en este mundo, que guarda, en sí  misma, la esencia pura del origen divino en el hombre: El Espíritu.

Sí, somos cuerpo, alma, pero también Espíritu, y en éste radica nuestra naturaleza divina.

Desde esta verdad, es nuestro deber dar a conocer que el derecho a la Vida es Ley de Dios  “matar es mácula que condicionará gravemente el fruto de su vida, y que toda causa tiene y tendrá, irremediablemente, su propio efecto”. Esta ley, es para todos y apertura una nueva conciencia para el Hombre que lo libera de las mentiras que este mundo material pone frente a él desde sus necesidades y deseos.

Si Dios nos dio mente, alma y espíritu, ¿Qué nos lleva entonces a caer en la ignorancia expresada en la falta de reflexión personal?, pues se absorben los discursos políticos como la “verdad”, sin reconocer cuál es la Verdad que habita en el propio hombre.

Si nos ponemos de frente a preguntas tales como: ¿Qué significa Aborto?, ¿Qué hace el Estado y todos los ciudadanos, para prever, evitar y sostener a los seres nacidos de embarazos delicados, y diversos en su naturaleza?, ¿Qué grado de formación, información y preparación poseen nuestros jóvenes para evitar y enfrentar situaciones que derivan en casos excepcionales?, ¿Qué sostén reciben los hijos nacidos en realidades diversas, difíciles y extremas?, ¿Estamos, como sociedad, aptos y preparados para recibir a un hijo de madre fallecida, procurando el Estado su salvaguarda y apoyo, en modo que ni éste hijo, ni los otros, si los hubiera, queden sin protección y cuenten con el máximo de apoyo del colectivo?, ¿Quién decide quién vive y quién muere? ¿Por qué la mujer tendría más derecho a la vida que el hijo?

Todas estas preguntas, y muchas mas que surjan de este discernimiento, nos podrán llevar a reconocer cuál es la verdad que me vive, ¿la de Dios o la de este Mundo?

 Cuerpo de Bautizados de Santiago

Para profundizar más ir a: http://www.leydejesuscristo.com/?tag=aborto

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