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Un hecho imposible de olvidar

mayo 13, 2010

Conocemos la historia de la expulsión de Lucifer del Reino, sabemos  que desobedeció al Padre y por ello fue relegado a Mundos materiales, pero, ¿tenemos claro cómo esto nos llega a cada uno de nosotros?

Fuimos expulsados del Reino Celestial por el Padre, para habitar Mundos inferiores, gobernados por las Tinieblas. No sin que Él tuviera un Plan para permitirnos volver a su lado.

No es menor el amor que despliega el Padre para con nosotros, envía al Hijo Dios, Cristo, a vivir y morir como Hombre para nuestra salvación. Sí, la venida de Cristo forma parte de ese Plan; es Cristo, en los tres días de su muerte, y los cuarenta luego de su resurrección, que nos permite un Salto espiritual imposible de alcanzar de otra manera. Sólo la Gracia recibida en ese Hecho nos abre la posibilidad de volver a estar en la Luz del Reino.

Cristo encarna en Jesús y vive como hombre, para pasar por la muerte y así poder arrebatar a Lucifer las llaves de ésta y permitirnos ascender al Padre. Derrota los Infiernos, Cierra los abismos; transformando la Muerte. Permite que retorne el Espíritu Original del Hombre. Apertura los Cielos, permitiendo la Gracia del Magisterio del Espíritu Santo. Nos permite acceder a la inmortalidad y a la Vida Eterna. Todo esto lo hace en Obediencia al Plan de Salvación.

Hoy, por este Hecho podemos retornar al Reino, pero la clave está en la Conciencia y Obediencia.

¿De qué debo tener Conciencia, a qué debo ser Obediente?… estas son preguntas que nacen naturalmente frente a este Hecho.

Debo ser Conciente de mi condición espiritual, de mi elección de vida; y con ello Obediente a la Guía y conducción de Cristo hacia la Voluntad de Padre. Titánica tarea si lo dejamos fuera, que como Dios y Salvador nos permite recorrer un camino iluminado. Porque Él es el Camino para llegar al Padre; y a nuestra Madre que enseña, el Magisterio del Espíritu Santo, que nos revela los misterios del Reino.

Hoy la invitación es a poner nuestras vidas bajo la Luz de nuestro Guía Celestial, Cristo; y mirar… ¿Qué me muestra?, ¿Qué he hecho con este regalo que no merezco ni he trabajado para ello, cuan Gracia de Salvación? ¿A qué me compromete?

La Consagración da respuestas a estas interrogantes y nos ofrece un camino de herramientas concretas para responder a esta Gracia del Padre. Si ya por Cristo soy salva, ¿Cómo respondo ante este regalo de Amor?

Hna Verónica Díaz, Consagrada Ofrendante

Abril, 2010

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