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Al inicio del Camino espiritual…

mayo 13, 2010

Antes de entrar en la Consagración muchas veces mi espíritu se inquietaba frente a la falta de desarrollo que yo le brindaba, es como si tuviera hambre y me pedía alimento, pero no cualquiera.

A través de la sabiduría del I Ching mi espíritu me señaló cuál era el camino por donde él quería alimentarse, así llegue a la Consagración en Cristo.

Durante este tiempo de Consagrada, he aprendido a hacerme cargo de mi espíritu, es decir: reconocerlo, darle un espacio, aprender a escucharlo y alimentarlo. Paulatinamente me he dado cuenta que sin entender mentalmente, me va señalando claridades que me orientan y guían en un Camino que es diferente a cualquier otro porque implica un grado de compromiso con el espíritu que Cristo restauró en nosotros tras su Primera Venida, y es el canal de comunicación con Él y el Reino.

Esta Gracia se manifiesta a través de la relación personal que establecemos con Cristo, quien nos guía en este Camino espiritual.

Resulta ser tan generoso que, respetando la libertad de cada espíritu, nos entrega las claves para acoger y entender espiritualmente aquello que espera de cada uno de nosotros.

Increíble pero cierto, porque el Cristo no pierde Su tiempo y, en un acto como éste, aprendemos a escuchar Su Voz. En este ejercicio espiritual se revela la sabiduría con su infinita generosidad y nos ubica en una condición de amor y verdad.

El discernimiento aporta la quietud de la mente y los sentimientos, porque comprendemos y vemos desde una realidad diferente, una realidad a la que no estamos habituados, nos revela una Verdad inmutable. A través de esta toma de conciencia nos aquietamos y reconocemos en nuestra real condición.

Al aquietarnos podemos reconocer nuestros errores, manifestándose en nosotros un estado de verdad y humildad necesarios para acceder a la sabiduría que nos entrega el Espíritu Santo.

El discernimiento es una práctica que encierra el misterio de la purificación, ya que nos acerca al Arrepentimiento y Perdón. Es fascinante ver como Cristo y su Reino nos acercan por distintas formas a los mismos principios espirituales, todo es coherente y con sentido.

La falta de conciencia y revelación espiritual, son una gran manifestación de la falta de discernimiento que abunda en nuestro tiempo, y es la responsable de tanta desorientación espiritual. Cuando sentimos la confusión, el desorden, el caos en nuestro interior, podemos reconocer que no estamos discerniendo y por eso nos perdemos en las tribulaciones del alma y la mente. Caso contrario, podemos llegar a ser presa fácil del gobierno del alma sobre el espíritu.

El discernimiento transforma y libera, porque es el Magisterio del Espíritu Santo el que enseña y entrega. Sólo nos debemos disponer humildemente, avanzar ‑

obedientemente en el Camino de la Consagración, aprender a escuchar al espíritu que nos vive… y así él podrá actuar a través de nosotros.

Hna. Andrea Palacios G

Bautizada Ofrendante

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